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Integración del Valle y Llanos Orientales, más allá de un sueño

llanos-orientales-colombiaLa futura construcción del corredor vial para atravesar la Cordillera Central alienta las inversiones.

El viejo sueño de integrar al Valle del Cauca y la Región Pacífico con los Llanos Orientales podría estar más cerca de lo que parece.

El megaproyecto de construir una carretera para atravesar la Cordillera Central —que es la barrera natural que se interpone entre ambas zonas geográficas— y que fue incluido en el Plan Nacional de Desarrollo, revivió las esperanzas de llegar a las tierras llaneras desde esta región del país.

Y aunque es una iniciativa a cristalizar en diez años, o antes, los empresarios vallecaucanos ya han comenzado a apostarle al desarrollo de esa vasta región de 285.000 kilómetros cuadrados, hoy de pobre desarrollo, a pesar de que poderosas firmas petroleras explotan su subsuelo.

“Se trata de un proyecto estratégico para ampliar la frontera agrícola y comercial hacia la Orinoquia, no sólo para beneficio de esa región, sino para toda Colombia”, señala Germán Jaramillo, presidente del Comité Integremial del Valle del Cauca.

Igual opina Alberto Hadad, presidente de la Sociedad de Agricultores del Valle, SAG, al señalar que “los Llanos Orientales son la futura despensa de Colombia y del mundo, y allí el Valle está jugando un papel clave para impulsar esa conectividad, ya sea por carretera o a través del futuro rescate del ferrocarril”.

Un tapón a romper

Para superar los 70 kilómetros de la agreste Cordillera Central hacia el Tolima y el Huila, y lograr la conexión con la Orinoquia desde el Valle, se han contemplado tres alternativas viales. El presidente Santos ya se comprometió a impulsar los estudios de Fase I.

El primer trayecto propuesto —y quizás el más antiguo— arranca en las estribaciones de La Diana en el municipio de Florida para llegar a La Herrera en el Tolima. La segunda alternativa es Tuluá-San Rafael-Roncesvalles. Y la tercera opción es atravesar la cadena montañosa con una carretera desde Palmira hasta Las Cruces, Tolima, y Colombia en el Huila.

La idea de este último trazado es conectar antes del 2020 a la Orinoquia con el puerto de Buenaventura para convertirlo en un corredor de competitividad mundial.

Para los estudios de alta ingeniería, cuya duración será de unos 15 meses, se han contemplado recursos por $4.185 millones. Varios consorcios ya se han inscrito para acometer esa tarea.

Según la directora seccional de la Cámara Colombiana de la Infraestructura, María Claudia Álvarez, “siendo una obra de tanta trascendencia, es imperativo que se revise juiciosamente cuál es la mejor opción para atravesar la Cordillera Central”.

Sin embargo, anota, que “preocupa que el concurso de méritos en curso, mediante el cual se seleccionará a la empresa que hará la estructuración del proyecto, ya se tiene incorporado el nombre de una de las opciones: Palmira–Las Cruces–Colombia”.

Ante dicha inquietud, el ministro del Transporte, Germán Cardona responde que “esa opción es sólo algo nominativo, ya que el estructurador deberá definir la mejor alternativa”.

Se estima que la inversión en esa autopista de la montaña alcanzaría los $1,5 billones, recursos que deberán provenir de un inversionista extranjero. El costo podría ser mayor si se define la construcción de uno o más túneles.

“Aquí lo importante es que ya existe la voluntad política del Gobierno para ejecutar un macroproyecto que podría ser el más importante de los próximos diez años. Es una iniciativa que nació en el Valle y hay que defenderla”, dice Rodrigo Velasco Lloreda, gerente seccional de la Asociación Nacional de Empresarios, Andi.

Avanzada inversionista

Pero mientras se define por dónde romper la cordillera para la carretera que unirá al Valle con los Llanos Orientales, empresarios del Valle y de otros lugares del país ya están desplegando allá una fuerte avanzada inversionista.

Por ejemplo, el grupo azucarero Manuelita S.A. invirtió US$50 millones en una refinería de aceite de palma en el municipio de San Carlos de Guaroa, Meta, donde produce 350.000 litros diarios de biodiesel desde el año pasado.

Unas 7.000 hectáreas de plantaciones propias de palma abastecen de esa materia prima al complejo. La organización proyecta incursionar luego en el Casanare, cerca de Orocué.

Y a partir del 2012 el grupo Riopaila-Castilla en desarrollo de su plan de expansión ha previsto sembrar 2.000 hectáreas también de palma en el municipio de Santa Rosalía en el Vichada. La inversión inicial sería de $20.000 millones.

Esos cultivos se adelantarán de manera escalonada y manera amigable con el medio ambiente, señala el presidente de la organización, Alfonso Ocampo Gaviria.

Otros inversionistas, especialmente del sector agrícola, también están incursionando en varios lugares de la geografía llanera para sembrar soya, algodón y sorgo, cultivos que hace años perdieron importancia en el Valle.

El caucho y el arroz son igualmente promisorios. Tanto que el magnate y banquero, Luis Carlos Sarmiento, posee en los Llanos Orientales unas 16.000 hectáreas de esas siembras, incluyendo algodón. Sus inversiones suman US$100 millones.

Las multinacionales Mónica y Amaggi del Brasil, Cargill, Poligrow de España, Merhab de Israel, Tejar de Argentina, y el Grupo colombiano Santo Domingo explotan allá grandes áreas con maíz y soya.

La gran esperanza
Según el presidente de la SAG, Alberto Hadad, “el potencial que ofrecen los Llanos Orientales es casi infinito, pero la ausencia de infraestructura vial es lo que frena ese desarrollo”.

Aún así, los inversionistas le siguen apostando cada vez más a esa región agrícola donde lo más aprovechado es la vegetación de estepas para la ganadería.

“Los Llanos son una esperanza de desarrollo no sólo para el Valle, sino para el futuro del país, debido a su importancia estratégica para exportar hacia los mercados asiáticos”, recalca por su parte, Roberto Arango, presidente de la Cámara de Comercio de Cali.

Sin embargo, todo ese futuro dependerá de la interconexión vial no sólo con el Valle, sino al interior de los departamentos del Meta, Vichada, Casanare, Arauca, Guainía y el Guaviare, para movilizar la producción agrícola y de materias primas hacia los mercados.

O de lo contrario, los Llanos Orientales continuarán siendo tierra de olvido y pobre desarrollo , aunque paradójicamente el petróleo brote de sus entrañas como lo hace hoy.EL PAIS/COLOMBIA.

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