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Apuesta al futuro

campo-argentina-biodieselPor los buenos precios de los granos y las perspectivas favorables para la Argentina en materia de biocombustibles y como proveedor de alimentos, los inversores extranjeros se muestran con mayor interés por la compra de campos.  

Dicen que llaman, consultan más, vienen y en no pocos casos se animan a cerrar negocios: los buenos precios de las commodities agrícolas y las proyecciones sobre un importante futuro para la Argentina en el negocio de los biocombustibles y como proveedor de alimentos están influyendo en el interés de inversores extranjeros que, entre otros lugares, buscan comprar tierras en el país. 

Así dijeron a LA NACION operadores que, aunque aclararon que ese interés no significa necesariamente una corriente inversora, hay capitales y fondos de inversión europeos, norteamericanos y de otros orígenes que desde fines de 2006 están realizando más consultas para evaluar un mayor posicionamiento en campos.

Se trata de un dato llamativo en un contexto donde el mercado local se caracteriza por una oferta escasa y pocas operaciones. No obstante ello, en lo que va del año los precios de los buenos campos subieron 10% en la zona agrícola núcleo, con valores de 9000/10.000 dólares la hectárea. Como dato excepcional hay determinados lugares, como en el sudeste cordobés, donde hay propietarios que se animan a pedir hasta 12.000/13.000 dólares, lo cual significan, aunque sean un pedido, valores cercanos a los Estados Unidos.

Hoy en Illinois, en el cinturón maicero norteamericano, se habla de promedios de US$ 11.000, aunque allí la hectárea también se cotiza en valores más altos. La diferencia clara con la Argentina está entre lo que se llega a pedir y el valor al que se cierran las operaciones. Por este punto EE.UU. está aún por encima. Se habla de que en esa región estadounidense hay un mercado establecido que, más allá del promedio, todos los días ronda entre los 12.000 y los 15.000 dólares. Además, volviendo a la Argentina, según Compañía Argentina de Tierras (CAT), en 2007 se está dando el sexto año consecutivo de subas en los precios de los campos agrícolas en la Argentina.

“Con la suba de las commodities, la demanda creciente de alimentos y el ruido por el biodiésel empezaron a aparecer más llamadas. Históricamente eran un 4-5 por ciento de las operaciones concretadas y hoy están en un 6, 7 y 8% de la búsqueda [de negocios]”, comentó Eduardo Fitz Gerald, director de CAT. Este especialista se refería a los inversores europeos.

“Las perspectivas que tiene la agricultura merced del precio de las commodities son muy buenas. Si a eso le sumamos las expectativas generadas por la producción de etanol y biodiésel, la inversión puede verse más atractiva para algunos”, agregó, por su parte, Marcos Lanusse, director de Madero &Lanusse.

Darío Genua y Willy Villagra, socios de Openagro SA, que entre sus negocios asesora a inversores del exterior en la compra de campos y les garantiza como una opción el alquiler del establecimiento, sostienen que la demanda de europeos e inversores de otros países viene en alza.

agro-biocombustibles-argentInterés en alza

“Se ve mucho interés por comprar campos, sobre todo desde el exterior. Ejemplo de ello son inversores que vienen desde Francia, Estados Unidos e Inglaterra. En nuestro caso, a partir de fines de 2005 empezó a notarse un crecimiento en el interés por este tipo de negocios, terminando el año con 18 consultas. En 2006 tuvimos algunas concreciones de compra sobre las consultas de 2005. En lo que va de 2007 ya son 35 las consultas contestadas, algunas de ellas muy avanzadas para concretar compras”, subrayaron. Como dato llamativo, en esta firma hace unas semanas recibieron a un inversor indio interesado en los campos argentinos.

Según Fitz Gerald, en el caso de los europeos hay fondos de inversión que buscan importantes superficies. “Cualquier grupo que viene no va a ver 800 hectáreas; apunta a más y para producir”, expresó.

Una fuente del sector, que pidió reserva de su nombre, comentó el caso de un fondo de inversión de origen irlandés que con el nombre de Agroterra decidió expandirse en la Argentina. Ya maneja más de 17.000 hectáreas. “Tiene esas hectáreas en el oeste de la provincia de Buenos Aires y pretende seguir creciendo. Está en el país hace menos de un año”, sostuvo.

Hace poco, capitales norteamericanos e ingleses aportaron US$ 50 millones a cambio del 23,5% de la empresa El Tejar, presidida por Oscar Alvarado, que maneja 180.000 hectáreas entre la Argentina, Brasil, Uruguay y Bolivia.

Por su parte, Lanusse destacó que entre los inversores hay también casos de empresarios “exitosos” que en realidad buscan varias zonas para posicionarse en tierras. “En general son empresarios exitosos y las zonas donde invierten son principalmente dos: la pampa húmeda (campos productivos generalmente con buenos cascos) y la Patagonia (campos principalmente con buenos paisajes, ríos y costas de lagos)”, señaló.

No son pocos los casos en los que los mismos inversores manejan la producción vía un administrador argentino.

En línea con Fitz Gerald, Lanusse cree que, entre otros factores, el interés de los extranjeros pasa por la posibilidad de adquirir grandes superficies. Esto es notorio en el caso de los europeos. “No pasa primordialmente por el precio [de la hectárea], sino por la posibilidad de adquirir una escala productiva impensada. Obviamente, la diferencia de precios más la cambiaria convergen en un cóctel más que atractivo para ellos”, señaló.

Salvo algunos países, en especial del Este, en Europa los establecimientos no se caracterizan por las grandes extensiones. Allí hay más un mercado tipo minifundista, con explotaciones chicas; en Francia una hectárea puede llegar a valer 20.000 euros. Por ése y otros motivos, como la influencia de los subsidios al agro europeo, nadie prefiere trazar comparaciones entre el precio de una hectárea en la Argentina (US$ 10.000 en la zona núcleo) y Europa.

En tanto, según Lanusse, en 2006, en Illinois, que tiene campos con superficies promedio de 150 hectáreas, el valor promedio de la hectárea agrícola fue de US$ 10.000. En lo que va de 2007 allí ya subió un 10%, con lo cual el promedio está en los US$ 11.000.

Desde Openagro hablan de precios más altos, de entre 14.820 y 19.525 dólares para Illinois. No hay restricciones para que incluso un argentino pueda comprar una hectárea en Illinois. Aunque hay diferencias en la misma región, en el caso del estado brasileño de Mato Grosso se pueden estimar valores de US$ 3600 la hectárea. Según las zonas, ese valor puede subir más.

Con una opinión un poco distinta, Genua cree que además de la posibilidad de contar con mayor superficie el precio de la tierra tiene una influencia central entre los inversores. “El precio hace la diferencia”, comentó. Pese al valor en la zona núcleo, de US$ 10.000, en la Argentina hay regiones más baratas; en el Chaco una hectárea agrícola ya desarrollada vale unos US$ 2500. Precisamente, Genua observa capitales que buscan hacer desarrollos en Salta, Chaco, Formosa y Santiago del Estero.

La Argentina parece tener otros atractivos. “Los Estados Unidos ya están más desarrollados (allí la infraestructura es excelente) y no tienen más lugar para poner más tierras en producción; la Argentina tiene todavía más capacidad para eso, incluso con riego. Por su parte, Brasil puede crecer (en una zona conocida como los Cerrados, que incluye varios estados, como Mato Grosso, se proyecta un potencial de 60 millones de hectáreas extras), pero tiene problemas logísticos y la desventaja de que cualquier acceso a puerto queda lejos (hay más de 1500 kilómetros desde Mato Grosso al puerto de Paranaguá)”, indicó Genua. Igual Brasil capta inversores que se posicionan en tierras.

Por Fernando Bertello
De la Redacción de LA NACION

Reclamo por mayor seguridad jurídica

Pese a los comentarios de varios operadores, no todos coinciden con la tendencia y hasta sostienen que en realidad no hay una mayor demanda de extranjeros por comprar campos. Es más: hay operadores que dicen que el permanente cambio de las reglas de juego en la Argentina traba decisiones de inversión.

“No hay una demanda sostenida y significativa; había más consultas el año pasado; [los inversores] no tienen claro el panorama sobre la seguridad jurídica”, comentó Alejandro de Elizalde, director general de la firma Elizalde, Garrahan & Cía.

Fitz Gerald, que observa un interés de extranjeros a partir de los buenos precios y las perspectivas para los alimentos y los biocombustibles, coincide con este último diagnóstico. “Los frena [a los inversores] la forma de conducirnos con las reglas de juego”, dijo.

“Yo no veo una corriente de extranjeros, al menos en mi experiencia. Por ahí hay consultas, pero es diferente a una concreción”, señaló, por su parte, Pedro Nordheimer, de la inmobiliaria que lleva su apellido.

Fuente: La Nación

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