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Biocombustibles, una nueva frontera para la producción

mapa-del-biodieselEl mapa del biodiesel.

Con la implementación del corte obligatorio del gasoil con un 5% de biodiésel, se abren nuevas perspectivas para el negocio agrícola en el país, que desde 2009 es el principal exportador de este producto.

“En 2007 éramos un actor insignificante en materia de producción de combustibles verdes. Hoy, con una capacidad instalada de 2,5 millones de toneladas, somos el quinto productor y el principal exportador mundial de biodiésel, tenemos posibilidades concretas de seguir creciendo y capacidad suficiente para atender la demanda que se generará a corto plazo en el mercado interno”, explicó el director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno (AABH), Claudio Molina. Las palabras de Molina resumen bien la situación del biodiésel, y de los biocombustibles en general, productos que pueden darle al país nuevas posibilidades para agregar valor a sus cosechas.

La razón por la cual la Argentina pasó en menos de tres años de ser la Cenicienta a la reina del biodiésel la explica Fernando Peláez, presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio). “La clave del liderazgo argentino en el mercado de biodiésel es su polo aceitero en Rosario. Lo que se está haciendo con la producción de biodiésel es simplemente aprovechar una ventaja comparativa que tenemos en la producción de aceite de soja. No hay ningún país que tenga concentrada la producción, el procesamiento y el puerto en un radio relativamente chico y produzca con tales niveles de eficiencia. Ningún país, ni siquiera Brasil, tiene esta ventaja”, explicó Peláez, que además es titular de Unitec Bio, empresa productora de biodiésel del Grupo Eurnekian.

A partir de esta ventaja comparativa, varios factores de la coyuntura ayudaron al despegue del combustible limpio local. El primero fueron las creciente demanda proveniente primero de los Estados Unidos, luego de la Unión Europea.

El segundo factor que terminará de impulsar la producción local fue la reciente entrada en vigencia del corte obligatorio del gasoil con el 5% de biodiésel, lo que coloca al país a la par de los niveles de mezcla de los países más avanzados en las políticas de reemplazo de combustibles fósiles.

“En lo que resta de 2010, se espera para el mercado interno una demanda cercana a los 800.000 toneladas de biodiésel. Por otro lado, en pocos años, el porcentaje de corte aumentará, por lo que podríamos esperar para 2015 un consumo interno de 1,5 millones de toneladas. Al mismo tiempo, crecerá la capacidad instalada, para atender la demanda en el mercado interno y la demanda de exportación, con lo para esa fecha podríamos tener una capacidad total de 5,5 o 6 millones de toneladas”, pronosticó Molina.

Las exportaciones son aún el mercado principal del biodiésel argentino. De acuerdo con los datos de Carbio, en 2009 se exportaron cerca de 1,2 millones de toneladas, por unos US$ 200 millones, principalmente a la Unión Europea. Este rubro, de acuerdo con Molina, puede seguir creciendo ya que la mayoría de los países desarrollados tiene previsto aumentar el nivel del corte, hasta llegar al 20%. Actualmente, el precio FOB por tonelada de biodiésel es de 930 dólares.

En el mercado interno las perspectivas son diferentes, aunque no menos interesantes. Según explica Molina, este combustible tiene aquí casi la categoría de un servicio público, ya que sus precios son fijados por el Gobierno. “El valor, $ 2,90 por litro, más IVA, puesto en fábrica, es rentable. Estos precios fueron fijados sobre la base de los costos de una planta chica, de 50.000 toneladas anuales de producción. Además, los precios están desacoplados del valor internacional y son vinculantes, o sea que todas las ventas de biodiésel en el mercado interno deben respetarlos”, explicó Molina.

La definición de quiénes y cuánto producen para el mercado interno también está en manos del Gobierno. Hoy, hay 19 empresas que tienen cupo fiscal, suerte de autorización para vender localmente. Diez de estas empresas son pymes, y tienen un cupo equivalente a la totalidad de su capacidad instalada. El resto son grandes, están más orientadas a las exportaciones y en su mayoría son propiedad de las aceiteras.

Aunque respecto al reparto del cupo fiscal se oyeron críticas, porque buena parte de la torta, casi el 50%, está en manos de cuatro empresas (Unitec Bio, Explora, AG-Energy y ESRA), en el sector afirman que el reparto fue equitativo. “El Gobierno le preguntó a cada uno cuánto quería vender en el país. A las empresas chicas le dieron el total de lo que pidieron, y a las más grandes, entre el 40 y el 60% de lo solicitado. Lo que pasa es que muchas empresas pidieron un cupo chico, porque no están interesadas en el mercado interno”, explicó un alto ejecutivo de la industria que pidió mantener su nombre en reserva.

Según Carbio, en las plantas ya construidas se invirtieron alrededor de US$ 370 millones, mientras que hay otros 390 millones invertidos en plantas en construcción. Hay previstos, por otro lado, inversiones por 200 millones de dólares más en el corto plazo.

Carbio y la AABH coinciden en que este combustible ofrece una interesante perspectiva para la producción local. “La producción es un paso adelante en el agregado de valor. A las aceiteras les conviene exportar biodiésel, ya que suman un negocio adicional. Por otro lado, se van a generar muchos empleos por vía indirecta, por demanda de servicios y por la demanda de producción agrícola en función del mayor procesamiento de granos”, sintetizó Molina.

Bioetanol, el próximo paso

Los consultados coincidieron en que el próximo paso para la industria es el etanol, que aún no alcanza un nivel de producción suficiente para abastecer la demanda local.

“A partir de la entrada en vigencia del programa de biocombustibles, a la histórica producción de alcohol se deberán agregar 300.000 metros cúbicos de bioetanol anhidro, o sea, más del doble de la producción histórica en términos equivalentes de alcohol, para poder atender el corte al 5%”, explicó Molina. Esto significa una demanda de 282.000 metros cúbicos para 2010. Pero para el presente año, los nueve ingenios azucareros que tienen cupo fiscal sólo generarán una disponibilidad de 202.000 m3, por lo que el programa de cortes con etanol se implementó sólo de forma parcial. Se supone que sólo en 2011 el programa podrá aplicarse plenamente.

Como alternativa al faltante que habrá en 2010, varias empresas productoras de maíz pidieron al Gobierno cupo para vender etanol de maíz. “Se presentaron al Gobierno varios proyectos de producción de etanol derivados de distintas materias primas, como maíz. Pero por ahora, el Gobierno otorgó cupo fiscal a los productores de etanol de caña”, dijo Molina. “Hay varios inversores interesados en abastecer el mercado interno con etanol de maíz y estaban dispuestos a invertir si se les daba parte de la cuota, pero el Gobierno nunca les contestó”, acotó Martín Fraguío, director ejecutivo de Maizar.

Varias voces en el negocio señalan que la misteriosa exclusión del maíz del cupo del bioetanol se podría atribuir a las presiones de los ingenios azucareros, particularmente, de los más grandes, que ya en 2008 lograron a fuerza de lobby que el bioetanol fuese incluido a último momento en la ley de biocombustibles.

Hasta el momento, las inversiones ejecutadas y en ejecución de parte de la industria azucarera para producir bioetanol alcanzan los US$ 150 millones. Para el mediano plazo, hay inversiones proyectadas en el orden de los US$ 500 millones.

Por Mercedes Colombres

De la Redacción de LA NACION

Fuente:  La Nación

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