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Biocombustibles, una mirada profunda

DSC_0097Los biocombustibles (BC) presentan efectos ambientales tanto positivos como negativos, y en algunos países —tanto en desarrollo como desarrollados— constituyen fuentes de energía renovable y de empleos rurales.

El tipo de impacto ambiental de los BC depende de la materia prima usada para su producción, los lugares en que se producen y el uso al que se les dedica. Los BC, derivados de algún tipo de biomasa, son de tres tipos: sólidos, que se usan directamente para cocinar o calentar (como la leña o el estiércol seco); líquidos, como los alcoholes o aceites (el biodiesel); y gases, como en el caso del metano producido por fermentación de materia orgánica.

Las políticas energéticas de los gobiernos se han enfocado fundamentalmente al tipo líquido, en buena parte porque pueden reemplazar gasolinas para uso del transporte sin necesidad de grandes cambios tecnológicos en los motores.

La producción de BC ha aumentado en forma dramática: en lo que va de este siglo se ha triplicado su producción, lo que ha requerido dedicar casi 6% de la producción global de granos (maíz, arroz, trigo y otros), más de 8% de la producción de aceites vegetales y cerca de un tercio de la producción de caña de azúcar.

Lograr las metas de muchos países para sustituir al menos 10% de combustibles fósiles con BC líquidos requerirá un incremento sustancial del área dedicada a este propósito, así como un incremento sin precedentes en los rendimientos de los productos usados como materia prima para producir los BC, lo cual implica aumentar insumos tales como agua y fertilizantes, con sus consecuentes impactos ambientales y sociales. Esto ocurre en un escenario en el que en los últimos 50 años la población mundial se ha incrementado en 220% mientras que el número de hectáreas de tierras agrícolas per cápita ha caído a la mitad.

Esto implica necesariamente un creciente conflicto entre la producción de alimentos y la de biocombustibles líquidos. Me referiré en esta entrega a los impactos negativos de la producción y uso de los BC y tocaré los aspectos positivos en la siguiente.

Hay dos tipos de impacto negativo: la producción de gases con efecto de invernadero (GI) y las afectaciones a la biodiversidad.

Los GI se emiten tanto en el proceso de producción de los BC en el campo, como en su refinación y en la conversión de vegetación natural para este propósito; en el caso de la conversión de bosques o selvas para producir BC o para reemplazar las zonas agrícolas de producción de granos para consumo humano, casi invariablemente el balance de Gis que se ahorran con los que se emiten es negativo.

El uso de fertilizantes para aumentar la productividad emite otro tipo de GI (los óxidos nitrosos) que tienen un mayor efecto de calentamiento atmosférico que el bióxido de carbono. El uso de insumos agrícolas para la producción de cultivos anuales (como maíz o caña de azúcar), sólo para referirme a dos de ellos (agua y fertilizantes), tiene también impactos negativos al exacerbar la carencia de agua e incrementar, por el arrastre de nutrientes, una mayor eutrofización de cuerpos de agua.

La apertura de nuevas áreas con ecosistemas naturales para compensar por la pérdida de tierra usada para la producción de alimentos o para su uso en producción de BC (como en el caso de la palma de aceite) es una amenaza seria para la conservación de los restantes ecosistemas naturales, ya de por sí reducidos seriamente, con la consecuente pérdida de los servicios vitales que nos proporcionan.

Por  Jose Sarukhan

Investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Autonoma de Mexico (UNAM)

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