agroctanos

El cluster del etanol puso primera

BIO4-AGROCTANOS-ETANOL.gifReferentes de la industria compartieron un seminario con expertos estadounidenses. Metas para el maíz. Enviado especial. Carlos Petroli.

Foto:Eduardo Pasman (Agroctanos), Ricardo Sáenz (AGD), Marcelo Otero (Bio4) y Víctor Accastello, de ACA (La Voz).

El cluster del etanol maicero ya entró a la cancha para mostrar su juego tras un largo tiempo de precalentamiento. La novedad más reciente es que desde Río Cuarto, Bio4 comenzó a operar y entregó a las petroleras más de dos millones de litros después de encender los motores a fines de agosto.

Y otros proyectos, como los de ACA en Villa María, Promaíz (AGD-Bunge), en Alejandro Roca, y Diaser en Villa Mercedes (San Luis) están echando las bases en los obradores.

Esta semana, los principales referentes del sector marcaron asistencia perfecta en un seminario convocado por Monsanto Argentina y al que fue invitado La Voz del Campo.

En la industria se admite que los últimos cambios en la política de precios y de retenciones para el biodiésel hicieron ruido, pero hay elevada coincidencia sobre la hoja de ruta y la perspectiva de encontrar soluciones en varios frentes: la ubicación del maíz en un nivel de acompañamiento sustentable con la soja en las rotaciones; la integración de subproductos en la cadena de carnes; sustitución de importaciones de combustibles, la creación de industrias y empleos a escala regional. Y la enumeración sigue.

Canasta desequilibrada. Pablo Ogallar, director de estrategia y marketing de Monsanto Argentina, refrescó la meta compartida por Maizar de achicar en 2020 la relación de superficie entre soja y maíz (2,7 a 1), para posicionar a ambos cultivos en 22 y ocho millones de hectáreas, respectivamente.

“El valor agregado es una prioridad de todos, por sus beneficios sociales y ambientales”, dijo, con estas referencias: una hectárea de maíz entrega un margen bruto de 494 dólares (2.317 pesos) versus una hectárea de soja (316 y 1.485). Pero convertido el cereal en etanol, el agregado económico por hectárea trepa a dos mil dólares o 9.400 pesos.

Hubo chances de tomar nota sobre nuevas tecnologías, el flujo de inversiones, financiamiento y riesgo de los proyectos, la perspectiva de los mercados de derivados, con la participación de expertos estadounidenses y de referentes locales.

La demanda de cooperación público-privada también tuvo su expresión in situ con la presencia de los secretarios Oscar Solís y Lorenzo Basso, de la cartera agropecuaria, y la del ex secretario y actual coordinador del programa federal de biocombustibles, Javier de Urquiza.

Componentes críticos. “Si un país grava al maíz (como en el caso de Argentina) y tiene que importar naftas, entonces es negocio para el productor de etanol”, sintetizó Bruce Babcock, economista de la Iowa State University, autor de un trabajo con algunos números sobre el segmento local. Se focalizó en componentes críticos entre los que incluyó el costo del maíz, el precio del etanol, el costo de la energía (gas natural) y la ganancia obtenida con los granos destilados (DDGS), con mercados en la alimentación animal.

John May, consultor financiero y director de Stern Brothers & Co aseguró que, en general, la banca mira como “riesgosos” los proyectos relacionados con bioenergías, pero que en el proceso hay una serie de mitigadores, como la contratación de la ingeniería y la construcción con proveedores reconocidos y calificados.

“No sirve si la financiación tiene mucha volatilidad o un período corto de repago. Nuestra misión es conseguir financiamiento a largo plazo”, explicó. Pero May también se refirió a “la parte difícil” cuando aludió al rol del Gobierno y el “riesgo político” que contabilizan quienes se perfilan como soportes financieros de proyectos en la Argentina.

Contratos “equitativos”. Otro de los conferencistas, Tod Mc Greevy (vicepresidente de Muse Stancil & Co) instó a darse una estrategia competitiva para exportar los granos destilados, en vista de los altos precios del maíz y –algo para remarcar en el frente doméstico– describió las modalidades de contratos que ligan a los eslabones de la cadena en los Estados Unidos. Las opciones de transporte y los gasoductos son factores críticos para la industria, recordó.

“En la Argentina hay un acuerdo de participación garantizado por el sistema de cuotas y un precio establecido por el gobierno; en este punto deben procurarse tipos de acuerdos que permitan que las partes compartan los márgenes del negocio”, estableció.

“Tenemos ley”. Javier de Urquiza, uno de los referentes oficiales, recordó que el país hoy tiene un marco legal en relación con los biocombustibles. “Las visiones pueden ser variadas, pero tenemos una ley de la Nación y no es un invento. No vamos a retroceder en este camino y quienes nos sucedan en el futuro, como ésta es una buena política energética, seguro la van a continuar”, dijo.

Steffen Muller, director economista del Centro de Energía de la Universidad de Chicago, se refirió a los modelos ambientales que permiten analizar los GEI (gases de efecto invernadero) y factores de mitigación en variables tales como los cambios en el uso de la tierra, rotaciones, créditos de co-productos y la remisión de forraje para animales.

Un minucioso panorama de la industria del etanol en Estados Unidos en sus aspectos técnicos y económicos correspondió a John Kwik, de Dominion Energy, que presta servicio de ingeniería a las plantas.

Detalló varios errores de los cuales aprender, desde una mala elección de la tecnología hasta falencias en el management que llevaron a resultados ineficientes. “Necesitamos andar con los ojos bien abiertos en un sector que creció muy rápido. De acá hacia adelante, habrá que mirar a los co-productos, más allá de los DDGS; nuevas enzimas, harina de alta proteína serán las metas de largo plazo”, mencionó.

El auditorio reunió a una masa crítica de empresas, desde el NOA al centro del país, entre los que se hicieron notar los etanoleros cordobeses (ver aparte). Como anfitriones, Bernardo Calvo y Pablo Vaquero, presidente y vice de Monsanto Latinoamérica Sur, refrescaron que una hectárea de maíz después de una de soja levanta un 17 por ciento los rendimientos y mejora los márgenes brutos, en una ecuación sustentable. “El partido de la Argentina se juega en el interior aunque tal vez se festeje en Buenos Aires”, reflexionó Vaquero.LA VOZ.

Comentar esta noticia

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias más leídas

To Top
Compartido