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EN BUSCA DE LOS BIOCOMBUSTIBLES DEL MAÑANA

BIOENERGIAS-BIOENERGIA-BIOF.gifEl Consejo Británico de Investigación en Biotecnología y Ciencias Biológicas (BBSRC) lleva a cabo un completo programa de investigación sobre bioenergías.Foto: Trolleborg

Los biocombustibles han sido criticados por quitar tierra fértil al cultivo de alimentos. Ahora, equipos británicos están desarrollando biocombustibles que sí podrían ayudar a salvar el planeta.

El Consejo Británico de Investigación en Biotecnología y Ciencias Biológicas (BBSRC) gestiona la mayor inversión pública hecha hasta la fecha en el Reino Unido en investigación de bioenergías.

El dinero se reparte entre seis grupos de investigadores que están trabajando, en distintas facetas del problema, para desarrollar la próxima generación de biocombustibles. Alf Game, subdirector de Investigación, Innovación y Competencias del BBSRC, es el pivote alrededor del cual ha girado el desarrollo del programa.

“No soy buen científico de investigación”, admite. “Nunca lo fui”. En su lugar, Game se ha dedicado a facilitar la investigación de otros, trabajando para una larga lista de organismos administrativos científicos. Y en el BBSRC, se propone hacer lo mismo. “El Centro de Bioenergías Sostenibles es un centro virtual de seis equipos dirigidos desde cinco universidades e institutos distintos”, dice. “No es como una tubería, en la que el trabajo de un equipo alimenta el trabajo del siguiente. Lo que tenemos son modelos o patrones replicables de lo que se puede hacer en distintos tramos de la tubería”. El trabajo de Game ha consistido en guiar la concepción y construcción del centro de modo de asegurar su evolución futura.

La primera generación de biocombustibles fue relativamente fácil de producir. Los vegetales producen sus propios depósitos de energía, en semillas o tubérculos, y los biocombustibles se limitaron a explotar esos depósitos, extrayendo aceites de las semillas y etanol de los azúcares de los tubérculos. Pero esos cultivos compiten directamente con los alimentos por los recursos agrícolas y, una vez pasado el entusiasmo inicial, se hizo patente que las cantidades de combustible necesarias para reducir significativamente la dependencia de los combustibles fósiles comprometerían seriamente la seguridad alimentaria.

El Consejo Británico de Investigación en Biotecnología y Ciencias Biológicas administra la inversión pública más importante en investigación sobre bioenergía.

Ahora los científicos estudian la planta entera como fuente de biocombustibles. “La próxima generación utilizará o bien subproductos, como la paja de trigo”, dice Game, “o se cultivará en lugares donde no competirá con los alimentos. Y esos lugares ni siquiera tienen que estar en tierra; una de las fuentes más prometedoras son las algas”.

No falta material: productos de desecho de la agricultura o de la industria alimentaria, helechos, distintas gramíneas, o plantaciones de sauces o chopos.

“Uno de los enfoques es encontrar formas útiles de descomponer las ligninas y la celulosa”, explica Game. Las vacas y las termitas ya lo hacen pero tienen sistemas digestivos complejos con muchos microbios distintos. Pero hay un crustáceo que está despertando mucho interés”.

“La limnoria, unos isópodos marinos xilófagos, tienen un intestino estéril y utilizan muy pocas enzimas para digerir las ligninas”, dice Game. “Uno de nuestros proyectos es ver si podemos comprender cómo funcionan y luego replicar el proceso a escala industrial”.

Otros proyectos trabajan en mejorar los cultivos de biomasa, descomponiendo los materiales y convirtiéndolos en combustibles aprovechables. En total, participan 15 universidades e institutos y 15 socios industriales.

También hay ingenieros medioambientales que estudian la eficiencia energética. “No tiene sentido transportar madera hasta enormes refinerías”, señala Game. “El material debe tratarse cerca de su origen”. Eso supondrá una fuente útil de ingresos adicionales para las economías rurales.

“Los biocombustibles no podrán sustituir totalmente a los productos petroquímicos”, admite Game, “pero sí se notará una diferencia. Se estima que un 10-20 por ciento de las necesidades de combustible de Gran Bretaña podrían cultivarse dentro del propio país”.

La función de Alf Game y sus colegas es ayudar a los científicos producir más, trabajando juntos, que lo que harían individualmente. “Lo que me gusta de este trabajo es que podemos ayudar a los científicos a investigar mejor”, dice. “Podemos añadir valor a lo que hacen y sacar más fruto de un proyecto que luego repercutirá en un beneficio para la sociedad”.

“Los biomcombustibles no reemplazarán totalmente los derivados del petróleo, pero pueden suponer una diferencia”, comenta Alf Game.

Adaptarse a nuevos retos

El crecimiento de la producción de bioetanol y biodiésel se debe a muchas razones, la mayoría de ellas relacionadas con el medio ambiente o el cambio climático.

Por ejemplo, más de la mitad de los automóviles en Brasil utilizan bioetanol o biodiésel.

Para hacer frente a los retos impuestos por esta tendencia, Trelleborg ha desarrollado materiales de junta más resistentes que funcionarán mejor en el entorno más agresivo creado por los biocombustibles. La próxima generación de compuestos se somete a pruebas de dureza, tensión-deformación y expansión volumétrica así como pruebas para determinar el efecto combinado de presiones altas y biocombustibles.

Personal

* Nombre: Alf Game

* Profesión: Gestor científico y subdirector de Investigación, Innovación y Competencias del Consejo de Investigación en Biotecnología y Ciencias Biológicas.

* Formación académica: Doctor en taxonomía botánica por la Universidad de Lancaster.

* Nacionalidad: Británica

* Familia: Casado

* Último libro: Lost Echoes, de Joe R. Lansdale (un ‘thriller’ texano)

* Última película: Somers Town (en DVD)

* Ocio: Cocina, jardinería de invernadero, casas históricas inglesas

* Otros intereses: Ayuda a su esposa con su peluquería y salón de belleza.

“Cuando llevas un negocio”, dice, “tienes otra actitud a la hora de gastar el dinero de los contribuyentes”.

Multidisciplinario

“Lo que me fascina de este trabajo es que tengo la oportunidad de fomentar, gestionar y coordinar proyectos a gran escala y desarrollar nuevas comunidades científicas”, dice Alf Game, subdirector de Investigación, Innovación y Competencias del Consejo Británico de Investigación en Biotecnología y Ciencias Biológicas.

“En biología es una novedad”, dice. “Antes, los biólogos trabajaban en sus propios proyectos a pequeña escala. La naturaleza de la investigación biológica empezó a cambiar con el Proyecto del Genoma Humano”.

“En este programa, los científicos son copropietarios de problemas de mayor alcance. Trabajan con ingenieros, químicos y sociólogos. Queremos incorporar también a ingenieros de procesos”, explica.

“Estamos formando a estudiantes y desarrollando nuevas formas de enfocar los problemas”, dice. “Esto incluye crear un modelo que identifique los huecos en la cadena de investigación. Así dispondremos de las competencias e ideas necesarias para llenar esos huecos”.

FUENTE: TRELLEBORG/INTEREMPRESAS

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