biocombustibles

La industria mueve piezas frente a los biocombustibles

plantaLas empresas de biotecnología y nutrición animal trabajan en la busca de ingredientes alternativos.

Los biocombustibles son la vedette del futuro. Seducen a Europa mostrándoles sus beneficios como fuentes alternativas de energía y las ventajas medioambientales. También seducen a Brasil por reducir la dependencia del petróleo y utilizar su capacidad productora de azúcar, y a los Estados Unidos, porque sus previsiones le indican que, aun a fuerza de guerras, en poco tiempo se le acabará el combustible tradicional.

Pero, ¿cómo será el proceso de adaptación a un nuevo combustible? ¿Quiénes serán los grandes proveedores mundiales de la materia prima necesaria para producirlo? ¿Qué rol ocupará la Argentina, granero del mundo?

El doctor Felipe Fagundes, gerente para Argentina de la empresa de nutrición animal Alltech Inc., respondió a La Voz del Campo estas incógnitas, basándose en los datos que sustrae de su intercomunicación con representantes de la industria de la alimentación mundial mediante un nutrido networking.

–¿Cuándo cree que se va a modificar radicalmente el panorama actual respecto de los combustibles?

–El panorama ya empezó a modificarse en relación con los precios internacionales de los combustibles y de los granos. Tanto el petróleo cuanto los granos son commodities, que son negociadas diariamente en Bolsas, y por ello rápidamente absorben las tendencias mundiales. Por ello, y en función de la política estadounidense de incentivar la producción de maíz para etanol, se vio el precio del petróleo crudo bajar rápidamente de los 70 dólares el barril a los actuales 56 dólares (dicen que lo van incentivar hasta que llegue a los 40, lo cual sería un punto de quiebre). Y en relación con los granos estamos viendo el maíz en Argentina pasar de niveles históricos de los 70 dólares la tonelada a un nivel de 125 dólares. Por cada fábrica de etanol que se instala en los Estados Unidos (hay más de 70 en construcción en este momento), más maíz va para la producción y sube el precio internacional del cereal. También con la soja pasa algo semejante. Si miramos que la Argentina, de un nivel de 11 millones de toneladas en 1996, 10 años después está produciendo 45 millones, el potencial de producción de biodiesel es inmenso. Calculando que 18 por ciento de la soja es aceite, y un litro de aceite produce un litro de biodiesel, tenemos un potencial de producir nueve millones de metros cúbicos de biodiesel, para una necesidad actual de importación de 800 mil metros cúbicos por año; o sea, con una campaña de soja podríamos reemplazar las importaciones de 10 años o reemplazar el 70 por ciento de la necesidad total de gasoil en un año por biodiesel.

–El cambio seguramente será paulatino. ¿Cree que en los próximos años se comenzará a trabajar primero con el biocombustible mezcla con combustibles tradicionales en un cinco por ciento, por poner un ejemplo?

–Sabemos que el Gobierno ha reglamentado una ley por la cual hasta el 2010 será obligatorio mezclas de cinco por ciento de biodiesel al gasoil y de cinco por ciento de bioetanol a la nafta. Pero este proceso tiende a acelerarse si miramos lo que pasa en el mercado internacional. Brasil, por ejemplo, está empujando su programa de alconafta derivado de la caña de azúcar y ya trabaja con mezclas con el mínimo del 25 por ciento en la nafta. Asimismo la industria local ha desarrollado los modelos de autos “flex” que aceptan cualquier proporción de biocombustibles. Concluyendo, en la Argentina aunque los cambios puedan ser más lentos, se van a acelerar y posiblemente en un plazo de cinco a seis años veamos cambios más radicales en este sentido. Va a depender mucho de si la industria local va transformar más los granos en biocombustible o si lo va exportar para que lo hagan afuera, dejando de agregar valor internamente.

–Según su evaluación, ¿en qué medida se reducirá la porción de granos destinados a alimentación animal y humana (maíz, cebada, trigo o azúcar) frente a la tensión entre estos y el biocombustible? O, para decirlo de otra manera, ¿cómo impactará en la industria de la alimentación?

–Éste es el tema del cual más se habla hoy en las charlas con nuestros clientes. Seguramente vamos a ver un aumento del uso de los granos (básicamente maíz, soja y posiblemente algo de girasol) para los biocombustibles, directa o indirectamente (los que salen por exportación) y eso no es un dato menor, ya que sólo en el maíz, de los 20 millones de toneladas que produce, Argentina apenas consume siete millones y el resto va a exportación. En el caso de la soja, con 45 millones de toneladas, la fracción que se destina a la exportación tiende a aumentar y eso significa menos granos disponibles para la alimentación animal a mediano plazo. El Gobierno en cierta forma está contrarrestando este efecto en el corto plazo con la aplicación de la política de subsidios cruzados; con las retenciones de un sector (carne o granos) amortigua parte de la suba actual de los granos para evitar una alza en los precios de las carnes. Aunque eso pueda estancar parcialmente los costos de producción (en Estados Unidos, por ejemplo, aumentaron cinco por ciento por lo menos en los últimos meses) la tendencia en el plazo mediano es que se busque el uso más importante de ingredientes alternativos, como el sorgo, los subproductos de los cereales y otros. Una materia prima que seguramente vamos a ver más en el futuro cercano es el DDGS (Dried Distiller Grains Soluble), subproducto de la industria del etanol de maíz. La clave será cómo padronizar y mejorar la digestibilidad de este ingrediente para los animales. Alltech, por ejemplo, está en este momento trabajando con un equipo de cinco personas con el título de Philosofal Doctors sólo en este proyecto.

–¿Qué países serán los más aptos para proveer la materia prima para la elaboración de biocombustibles?

–Los países que van trabajar más la producción de biodiesel serán los que tienen más potencial de cultivo de granos; es decir, estamos hablando en este caso, además de Estados Unidos, de Argentina, Brasil, países del este europeo, Ucrania, China y Australia, entre los principales. Hoy en América del norte y sur los más avanzados son Estados Unidos con el etanol de maíz (se va a acercar al 20 por ciento del total en poco tiempo) y Brasil con la caña de azúcar, con el reemplazo de muchas áreas destinadas a soja en el centro del país o de de ganadería por caña de azúcar.

–¿Han evaluado el impacto que pueden tener las guerras o los drásticos cambios climáticos? ¿Esto podría adelantar los tiempos?

–Seguramente que son factores que están en juego. Por supuesto que Estados Unidos tiene interés en poder “manejar” de cierta forma los precios internacionales del petróleo y con ello usar su poder para definir estrategias en su política intervencionista en los países. Por otro lado, aun con todo eso no se ve que ellos estén tomando medidas para el ahorro o uso racional de los combustibles.

Carina Ambrogi

Especial

Fuente: Diario La Voz del Interior

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