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Argentina: la cosecha de soja reduce los negocios

biodiesel-noble-aceiteraSe exportará 40% menos de aceite. Los productores perdieron U$S 1.300 millones.

Desde 1996, cuando inauguró su planta de molienda de soja en la localidad de General Lagos a 30 kilómetros de Rosario, el año pasado y lo que va de 2009 son los de mayor incertidumbre para la compañía Dreyfus, una de las más grandes que integran el polo oleaginoso argentino.

La sensación también está presente en el resto de los integrantes del complejo, el más competitivo del mundo, conformado por una docena de empresas multinacionales y de capitales argentinos con instalaciones a la vera del Río Paraná capaces de procesar diariamente 135 mil toneladas de soja.

A tal punto llega del nivel de duda sobre la marcha del negocio, generada principalmente por la caída en la producción nacional de la soja y la imposibilidad de traerla de la región, que Argentina perderá este año terreno en el comercio de harinas y aceites de soja. Si bien su primer lugar como exportador mundial de ambos subproductos de la oleaginosa no corre peligro, Brasil acortará algo la distancia.

“Todavía no hay peligro, pero Brasil siempre representa una amenaza cierta”, advirtió Rogelio Pontón, director de Informaciones y Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario, durante un curso para periodistas sobre comercialización de granos realizado en esa institución y al que fue invitado La Voz del Campo.

Preaviso. Debido a la sequía, las proyecciones finales ubican a la cosecha de soja dentro del rango de 30/32 millones de toneladas. De esta manera, la producción caería más de 15 millones de toneladas de poroto respecto con la campaña anterior, algo así como el equivalente a 12 millones de toneladas de harina de soja y tres millones de toneladas de aceites. Respecto a la cifra final de cosecha en Brasil, los operadores proyectan una caída en la producción de seis millones de toneladas.

La magnitud de la merma en la producción local ya está siendo descontada por las aceiteras para el presente ejercicio comercial. A eso hay que sumarle un volumen de tres millones de toneladas de soja paraguaya que no van a ingresar a las dársenas de las industrias debido a la suspensión de la importación temporaria. “Si bien para nosotros sólo representa el 10 por ciento de la molienda, representa un mes de actividad en la planta”, indicó Eduardo Cabreriso, encargado de compra de materia prima de Dreyfus, durante una visita realizada a la planta en General Lagos. Acostumbrada a trabajar con un stock de tres meses, el establecimiento sólo cuenta en la actualidad con existencias para 45 días.

Ajustes. Es que los números son muy ajustados. Una producción total estimada en alrededor de 32 millones de toneladas –un cálculo que algunos analistas consideran demasiado optimista– será lo que habrá que repartir entre la exportación del grano, la molienda y el consumo doméstico.

“Si estimamos que la exportación de poroto puede involucrar alrededor de cinco millones de toneladas y el consumo interno llegará a 500 mil toneladas, sólo habrá que industrializar en harinas y aceites 27 millones de toneladas”, sostiene Pontón.

De la industrialización de ese volumen, la producción de harina será de 20,25 millones de toneladas (por cada tonelada de soja se obtienen 790 kilos de harina). Deducido el volumen que demanda el mercado doméstico, que ronda las 800 mil toneladas, sólo quedarán para exportar este año 19,45 millones de toneladas, contra los 28,8 millones de toneladas de la campaña pasada. La caída es de 32 por ciento.

La competencia. El año pasado, las aceiteras ubicadas en Brasil comercializaron a otros destinos 14 millones de toneladas de harina. “Es posible que ellos también tengan algo de merma, por la baja en la producción, pero no será tanto como en Argentina”, sostiene el economista de la Bolsa de Comercio de Rosario.

El comercio exterior de aceite de soja argentina también se verá reducido. “Va a rondar los 3,4 millones de toneladas, contra los casi seis millones del año anterior”, precisó Pontón.

El saldo exportable queda luego de deducir un consumo doméstico de 400 mil toneladas y la utilización de un millón de toneladas para la elaboración de biodiésel. En definitiva, la caída respecto al año pasado será superior al 40 por ciento. Brasil, por su parte, el año paso vendió al exterior 2,5 millones de toneladas de aceite de soja.

En lo que respecta a la exportación de poroto, cuyo principal comprador es China, nuestro país se verá obligado a reducir drásticamente su oferta. Los 12 millones exportados el año pasado bajarían a cinco millones de toneladas, un número que sin embargo es considerado muy optimista por los operadores. Las fábricas con mayor capacidad de molienda están decididas a priorizar el comercio de subproductos, aunque algunas –en especial aquellas más dedicadas a la exportación del poroto– deberán cumplir con los compromisos asumidos con importadores del grano.

Si bien las industrias se preparan para encarar un segundo semestre del año con restricción de materia prima, la menor oferta va a impulsar el precio del aceite y de la harina, lo que podría ayudar al complejo a compensar los mayores costos por la infraestructura ociosa. Se estima que la industria aceitera trabajará este año en alrededor del 65 por ciento de su capacidad instalada.

El comercio exterior del biodiésel podría mantener el mismo volumen negociado el año pasado (un millón de toneladas); incluso Pontón estima que podría crecer hasta un 10 por ciento: es decir 100 mil toneladas más.

En la planta de biocombustible sobre la base de aceite de soja que Dreyfus tiene en General Lagos, con una capacidad para elaborar 300 mil toneladas anuales, la producción se mantiene en función de la demanda. A pesar del menor volumen de soja para procesar, la empresa no tiene prioridad por algunos de los productos que elabora: aceite o biodiésel. Ambos se producirán en la medida de los compromisos de venta asumidos, explicaron desde la compañía.

Margen negativo. Pero más allá de los perjuicios generados en la industria aceitera, los principales perjudicados por los resultados aportados por la soja son los productores. Según la Dirección de Informaciones y Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario, la producción total de la oleaginosa generó en los agricultores una pérdida neta de 1.343 millones de dólares. “Si consideramos una producción de 32 millones de toneladas y un precio FOB de 460 dólares la tonelada, el resultado por hectárea es negativo en 79 dólares. Si tenemos en cuenta que se sembraron 17 millones de hectáreas y el rinde promedio fue de 1,9 tonelada, la pérdida llega a 1.343 millones de dólares”, justificó Rogelio Pontón, director del área de Información y Estudios Económicos de la bolsa rosarina. Para su estimación tomó un ingreso neto por hectárea libre de retenciones de 874 dólares y un costo de producción para la soja de primera de 630 dólares por hectárea.

A pesar de estos números, el Gobierno fue el principal beneficiado. Se hizo de ingresos más allá de la descapitalización que sufrió el productor. “Recaudará 5.714 millones de dólares en concepto de retenciones”, explicó Pontón. La industria también tendría un margen positivo de 36 millones de dólares, por la diferencia de alícuota en los derechos de exportación entre el poroto (35 por ciento) y los subproductos (32 por ciento).

El resultado económico de la campaña sojera es aún peor para, si se tiene en cuenta el costo de oportunidad de la tierra, sostuvo Pontón. “Si lo fijamos en el tres por ciento y tenemos en cuenta que se sembraron 17 millones de hectáreas, con un valor promedio cada una de seis mil dólares, el monto llega a tres mil millones de dólares. Si se suman los 1.390 millones de dólares de pérdida, la cifra final de la campaña arroja un valor negativo de 4.300 millones de dólares”, razonó el economista.

A juicio de Pontón, en la pérdida económica influyeron la menor producción por la sequía y los mayores costos. Si bien los rindes se vieron afectados por la falta de agua, la caída en la inversión de fertilizantes también contribuyó a reducir la cosecha. En cuanto al uso de los fertilizantes, los números de la campaña 2008/2009 son alarmantes.

La reposición de nutrientes habría caído en 1,1 millón de toneladas, de acuerdo con cifras de las empresas del sector.

Alejandro Rollán

Fuente: La Voz/Córdoba/Argentina

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