biodiesel en rosario

Rosario, capital de la soja, un modelo económico único

La región de Rosario, en el centro-este de Argentina, ofrece una rentabilidad única en el negocio de la soja, al concentrar campos, fábricas de transformación y un puerto fluvial de donde los buques cargueros zarpan para Asia y Europa. El polo portuario de Rosario se extiende a lo largo de 40 km del río Paraná, al norte y al sur de la tercera ciudad de Argentina, ubicada 310 km al norte de Buenos Aires.

Alrededor de 80% de la producción argentina de soja es exportada desde Rosario, donde las multinacionales del sector como Cargill, Dreyfus o Bunge construyeron complejos portuarios privados ultra modernos.

Rosario se transformó en el primer puerto internacional del mercado de la soja.

Mientras que el transporte terrestre es cada vez más costoso y complica a su competidor regional, Brasil, la gran ventaja de Rosario es que la mayoría de los cultivos de soja se ubican en un radio de no más de 250 km alrededor del puerto.

Los granos de soja entregrados en camión o en tren son triturados y procesados en las fábricas ubicadas en las márgenes del Paraná.

Los navíos que enarbolan todas las banderas imaginables embarcan en 24 horas el cargamento de harina, aceite o biodiesel para poner rumbo a los puertos asiáticos o europeos.

Una particularidad del comercio de soja es que el exportador compra directamente la soja al productor antes de procesarlo en su propia fábrica.

La empresa holandoargentina Nidera lleva las cosas aún más lejos: concibe las semillas genéticamente modificadas en sus laboratorios de investigación y desarrollo, las vende a los productores con fertilizantes y con asistencia técnica, compra su producción y luego la procesa y la exporta.

La última innovación de esa empresa, que detenta 30% del mercado de semillas, es que el camión que llega al puerto y entrega la soja cosechada se retira a su campo con los fertilizantes para la campaña siguiente.

“Es un plan de negocio en loop (bucle), muy eficaz”, dice orgulloso Gabriel Pierre, director del complejo Nidera de Rosario.

La producción agentina de soja se ubicaba en 1992 en 10 millones de toneladas y se estima que llegará a un récord de 55 millones el año próximo.

“La soja no sería la soja si no fuera OGM (genéticamente modificada). No se puede aumentar la producción de los campos” sin recurrir a las semillas OGM, insiste Pierre.

Agrega que “en Argentina, desarrollamos nuevas tecnologías. Estados Unidos y Brasil han copiado la industria argentina de crushing (procesamiento de la soja)”.

Argentina tiene una capacidad de procesar 200.000 toneladas de soja por día, de las cuales 150.000 toneladas en Rosario, destaca Rogelio Ponton, experto de la Bolsa de Comercio de Rosario.

Según Ponton, esta cifra es más que lo que procesa Brasil (160.000 t/día) y está casi en el nivel de Estados Unidos (210.000 t/día), mientras que China que se dotó recientemente de una industria de procesamiento para 350.000 toneladas diarias, se limita ahora a comprar la materia prima.

Ponton recuerda que en un principio de los porotos (granos) de soja sólo se extraía aceite y los residuos eran considerados desechos, pero posteriormente los análisis revelaron que contenían muchas proteínas y actualmente la tonelada de harina de soja se vende a cerca de 500 dólares.

La clave del despegue del puerto de Rosario es el dragado que permite a enormes buques transoceánicos remontar 400 km el río Paraná para cargar en el corazón de la principal región agrícola del país y partir directamente hacia su destino.

Sobre la producción de aceite de soja, un tercio tenía como destino la fabricación de biodiesel, pero la Unión Europea, principal importador del combustible argentino, frenó recientemente sus compras.

Ponton se jacta de contar con una industria de alta tecnología, innovadora y dispuesta a renovarse, que se choca con una política fiscal del gobierno que, según él, ahoga la agricultura.

“Hay un problema muy grave: el productor paga un impuesto a las exportaciones que pasó de 3,5% en 1990-2002 a 23,5% en 2002 y 35% hoy. En este negocio, el que más gana es el Estado”, se lamenta.TERRA.

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