biodiesel

Biodiesel el combustible del futuro

Reemplaza al gasoil y es más económico y ecológico. Durante los próximos años, la Argentina podría convertirse en uno de los principales exportadores para el Primer Mundo.

En la Argentina, el futuro no llegó pero falta poco. Y aseguran que tiene nuevo nombre: biodiesel. El combustible, que ya podría reemplazar al diesel, tiene ventajas económicas y ecológicas, y encima es renovable. Pero, además, su alta lubricidad hace que la vida útil de los motores en los que se aplica se extienda al doble. Para su elaboración se utiliza aceite vegetal, y como nuestro país cuenta con enormes campos para su desarrollo, resulta un potencial gran exportador a naciones que lo utilizan desde hace casi veinte años.

Mientras el mercado interno todavía no lo aprovecha, las pocas plantas de elaboración con que se cuenta fronteras hacia adentro están en pleno proceso de evolución. El biodiesel se fabrica con aceites de girasol o soja, entre otros. Para elaborarlo se deben reemplazar las moléculas de alcohol pesado que tienen los aceites por otras de alcohol liviano. Este proceso es muy importante, y, según coinciden los entrevistados, son fundamentales las medidas de seguridad que se apliquen: no hay que confundir al biodiesel hecho de forma industrial con aquel que se hace de manera casera. Claudio Molina, presidente de la Asociación Argentina de Biocombustibles, explica: “El lugar de radicación de las plantas elaboradoras debe surgir de un extenso estudio de factibilidad que contemple los aspectos tecnológicos, la disponibilidad de materias primas, insumos, recursos humanos y el mercado demandante”. Las zonas de mayor desarrollo a nivel mundial son dos: Malasia; y la que conforman la Argentina y Brasil, a quienes se les puede agregar Paraguay.
Hacia estos países apuntan las necesidades europeas, cuyas naciones ya han hecho de la utilización de este tipo de combustibles una costumbre. Con este marco, es importante tener en cuenta que en Europa no existe suficiente cantidad de tierras como para sembrar la semilla que se necesita para cubrir sus necesidades.
¿Cuántas semillas se requieren para obtener este tipo de combustibles? Se estima que el rendimiento promedio de las oleaginosas como el girasol o la soja, por nombrar algunas, ronda los 900 litros de biodiesel por hectárea.
“Los países desarrollados de Europa se han puesto como objetivo utilizar 18 millones de toneladas de biocombustibles para el año 2010. Ellos tienen sólo la mitad. Entonces necesitarán recurrir a las importaciones. Y la Argentina podría dar a ese mercado alrededor de 2 millones de toneladas”, asegura el economista Miguel Almada, integrante del Programa Nacional de Biocombustibles de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos.
“En Europa se trata de una realidad absoluta, no es algo nuevo. Y en la Argentina, donde todavía no se ha desarrollado para el consumo interno, las plantas que se construyen apuntan al mercado extranjero”, dice Juan Manuel Gutiérrez, responsable de una empresa dedicada a la producción de biodiesel.

De aquí al mundo
En cuanto a las mejores zonas argentinas para su desarrollo, se destacan San Lorenzo, Rosario y San Martín, en la provincia de Santa Fe. Para Molina, el panorama nacional en este rubro es el siguiente: “Actualmente no hay una oferta interna a gran escala que cumpla con las normas de seguridad, calidad y medio ambiente. Sin embargo, a partir de la recientemente sancionada ley 26093, que todavía no está reglamentada, se establece el uso obligatorio de biocombustibles en cortes al 5 % con combustibles fósiles a partir del año 2010 (gasoil con biodiesel y nafta con bioetanol, respectivamente). De esta manera, se generará un mercado de 637.000 toneladas de biodiesel y 160.000 de bioetanol”, explica. Y añade: “Paralelamente, y en atención al gran incremento de la demanda mundial de biocombustibles, la Argentina construirá un gran complejo exportador, fundamentado en sus grandes excedentes exportables de materias primas agrícolas. Hay que prever un complejo exportador con capacidad mínima de 2 millones de toneladas de biodiesel y de 1 millón de toneladas de bioetanol, con independencia del complejo destinado a atender la oferta en el mercado interno”.
Por su parte, Almada vaticina que la utilización de estos combustibles incidirá “de manera positiva en la economía del país”. Para fundamentar su opinión, sostiene que “si se pone en marcha esta industria, podrían generarse 25 mil puestos de trabajo”. Por otro lado, se refiere a los ‘efectos paralelos’ del biocombustible: “No hay que olvidarse de que su producción conllevaría más inversiones que necesariamente generarían un efecto riqueza”.
El precio de gasoil a $ 2.20 por litro lo pone por encima del $ 1.50 que cuesta el biodiesel; sólo que el primero se vende a una cifra similar a la del segundo debido a que cuenta con una subvención estatal. Este es otro de los factores que obliga a los productores a mirar hacia adentro para fabricar, y hacia fuera para comercializar. “La Argentina tiene importantes ventajas comparativas para la producción de biocombustibles que deberían ser convertidas en ventajas competitivas”, opina Molina. “Un desarrollo sustentable mejorará el medio ambiente y permitirá crear un importante complejo, que demandará mano de obra”, agrega.
En algunos países, la carrera por su producción ha comenzado hace ya largo tiempo. En otros, está en pañales. Para cuando este proceso llegue a su fin, se espera el desarrollo del hidrógeno como “el nuevo combustible”. Pero esa será otra historia.

Por Alejandro Duchini / Fotos: Rex Features / DAachary

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