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La industria aceitera Argentina pide poder importar soja para procesarla en el país

renova-biodiesel-aceiteraInversión de 480 millones de dólares de Vicentín y Glencore. Renova inauguró ayer la planta aceitera más grande del mundo, en un acto que la presidenta Cristina Fernández presidió por teleconferencia y que reunió a los principales referentes del sector agroindustrial.  

Renova, un joint venture entre la santafesina Vicentín y la europea Glencore (a través de Oleaginosa Moreno), inauguró oficialmente ayer la planta aceitera más grande del mundo en Timbúes, en un acto que presidió la presidenta Cristina Fernández por teleconferencia. Al corte de cintas asistieron los principales referentes de la industria aceitera y altas autoridades políticas provinciales, encabezadas por el gobernador Antonio Bonfatti. 

Con una inversión de u$s 480 M, Renova puede procesar en una sola línea 20 mil toneladas de granos por día (6,6 millones de toneladas anuales, un 14% de la cosecha).  En rigor, está en actividad desde 2013, pero –según contó a punto biz el gerente Alejandro Maguire- recién desde hace tres semanas, cuando empezó a salir la soja de los campos, trabaja a full recepcionando 1.000 camiones por día y haciendo carga simultánea en barcos. 

“Ahora, a este gigante ahora hay que alimentarlo todos los días”, dice Maguire. Y su observación puso en blanco sobre negro el principal interrogante que tiene hoy el sector: ¿los productores venderán la soja o la retendrán al máximo?  Precisamente, con tantos ejecutivos de la exportación, ese tema estuvo en todas la charlas, incluidas las del suculento y bien regado coctail.

Los referentes de la exportación consultados señalaron que la cosecha abundante de soja (algunas incluso le ponen fichas a llegar a 55 M de toneladas) permite reducir la capacidad osciosa y que habrá buen nivel de ventas hasta julio. No obstante, advierten que el nivel de venta de cosecha está por el 15% cuando en otros años para esta época estaba al 30/40%. Pero, sobre todo, la incógnita es lo que ocurrirá a partir de julio.

“Una vez que el productor venda lo justo y necesario para pagar sus deudas se retirará de la comercialización. El precio no le motiva. Vender a u$s 310 o u$s 320, cuando llegó a hacer a u$s 350 o u$s 400 en campañas anteriores, no lo tienta; más aún cuando la  inflación comió la devaluación de enero”, dijo Andrés Ponte, de la corredora Enrique Zeni

Para colmo, se comentó, el maíz viene muy bien en cantidad y precio (u$s170), por lo que el productor aprovechará para desprenderse de ese grano y seguir guardando la soja. Pero almacenarla por la incertidumbre económica, sobre todo sin cobertura en futuros, suena arriesgado porque –ante fuertes stocks mundiales- los precios para fin de año están más abajo que los actuales.

En ese marco, el presidente de Glencore (y vice de Renvoa), Sergio Gancberg, pidió que el gobierno restituya el régimen de admisión temporaria para importación de soja. “Tenemos que procesar en el país la soja que hoy está saliendo como poroto de Paraguay, Bolivia y hasta las 4 M de toneladas de Uruguay”, dijo.

En el sector no entienden cómo el gobierno no habilita ese mecanismo habida cuenta de que tiene el polo industrial más competitivo del continente. Es más, producto de esas trabas, se levantaron fábricas en Paraguay que están procesando allá y los puertos uruguayos se están quedando con el negocio del trasbordo. “Es una lástima. En Paraguay, Vicentín origina 300 mil toneladas y las tiene que sacar por Nueva Palmira”, dijo Roberto Gazze, director de Vicentín.

Por su parte, y en esa línea, otro director de Vicentín, Gustavo Nardelli, se mostró preocupado por la alta conflictividad laboral en los puertos, con recurrentes medidas de fuerza que traban toda la logística y complican las exportaciones. Punto Biz.

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