biocombustibles

En Argentina quieren que los autos usen más biocombustible para contener la salida de dólares del país

El Gobierno busca que la nafta y el gasoil se mezclen con 10% de ese insumo desde enero.

Algunos funcionarios del área energética comenzaron a hacer cuentas sencillas. Sus números indican que en el país hay abundantes volúmenes de etanol (el derivado de la caña de azúcar que se mezcla con las naftas) y sobra biodiésel, el combustible orgánico que se produce principalmente a partir de la soja y se mezcla con el gasoil, debido al cierre de las importaciones por parte de la Unión Europea.

En la columna del haber, en cambio, la Argentina importa naftas y gasoil para enfrentar el crecimiento de una demanda que trepó durante el kirchnerismo mucho más rápido que la oferta. A tal punto constituye una molestia para la economía que, para pagar esa factura, el Gobierno debió cercenar el acceso a la compra de dólares a través del cepo cambiario.

Para equilibrar la balanza, el Ministerio de Planificación, que conduce Julio De Vido, a través de la Secretaría de Energía -a cargo de Daniel Cameron-, les planteó a algunas petroleras y a los fabricantes de autos un objetivo de corto plazo: quieren que a partir del primer día del año próximo la mayor parte de las naftas que se venden en el país tengan al menos un 10% de etanol en su composición (hoy el corte es del 7%). También les reclamaron llevar al mismo porcentaje la cantidad de biodiésel que se utiliza en el caso del gasoil, hoy en torno al 8 por ciento.

Aunque a partir de argumentos distintos, la cartera de Cameron recibió desde el principio una respuesta casi unívoca: tanto las automotrices como la mayoría de las petroleras (las principales son YPF, Esso, Shell y Petrobras) rechazaron por carta el pedido, según explicó una fuente oficial que pidió reserva de su nombre.

Las automotrices sostenían que no podían certificar el uso de esa cantidad de combustible orgánico sin antes hacer determinadas pruebas. Los funcionarios consideran que durante las últimas semanas, a partir de discusiones con la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa), comenzaron a allanar ese camino.

Las petroleras también mostraron sus reservas respecto de la iniciativa. No acudieron a argumentos técnicos, sino económicos: el precio de los biocombustibles está por encima del producto de importación exento de impuestos, como lo compran en la mayoría de los casos las petroleras, por lo que su mezcla con los carburantes fósiles elevaría el costo de las compañías. Desde una de las principales petroleras lo expusieron de forma breve y explícita: “El biodiésel, que sobra en el país por el cierre del mercado europeo, sería bienvenido si el precio fuera inferior al del producto de importación que sustituye”.

Más allá de los beneficios cambiarios que ve el Gobierno, hay otros motivos que lo empujan a aumentar el uso de carburantes orgánicos. Por el cierre de los mercados europeos, se espera que las exportaciones de biodiésel caigan este año en torno del 40% con relación a 2012, de acuerdo con un informe de la consultora abeceb.com elaborado por Carolina Schuff. “El sector dependerá ahora, por lo menos por dos o tres años, del consumo interno local a través del corte con los combustibles fósiles y de la capacidad que tenga para introducirse en nuevos mercados, sobre todo del mismo continente americano”, sostiene.

Durante las próximas semanas equipos técnicos de la cartera de Energía repetirán los contactos con todos los eslabones involucrados en la cadena. Pese a los rechazos, uno de los funcionarios involucrados en las discusiones sostuvo: “Tenemos hechos los números y una medida de este tipo nos ayudaría”, en referencia a los beneficios cambiarios que generaría el incremento en el corte de biocombustibles.

Por Pablo Fernández Blanco  | LA NACION

Fuente: La Nación

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