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Biodiésel, problema y solución

Quizá no se haya evaluado, ni en el agro, ni en el gobierno, ni en la oposición, el impacto de la decisión europea de imponer derechos de importación del 25% al biodiésel argentino. Es fundamental entender la verdadera dimensión del problema, e imaginar soluciones que por otro lado no pueden esperar.

La UE ya venía trabando el ingreso del biodiésel argentino con distintas chicanas. Pero además, la conducción oficial puso su granito de arena el año pasado, cuando la política de biocombustibles dio un giro de 180 grados. Hasta entonces, se había impulsado la producción, las exportaciones y el corte del gasoil con biodiésel en el mercado interno. En agosto del 2012 se duplicaron los derechos de exportación y se redujo el precio del mercado interno.

La consecuencia inmediata fue que los embarques cayeron más del 50%, y también cayó el uso local, que había superado el 10% de biodiésel en el corte con el gasoil.

El gobierno no se preocupó mucho. Pensaron que lo que no se embarcase como biodiesel viajaría como aceite. Y justificaron el “switch” con un argumento que les sonaba lógico: el aceite paga el 32% de derechos y el biodiesel “solo” el 24%, una brecha de 8 puntos que en el imaginario oficial mejoraría la situación fiscal.Es un análisis estático, que por otro lado destruye la teoría tan meneada del “valor agregado en origen”. El biodiésel es la etapa superior de la soja, y se hicieron inversiones por más de mil millones de dólares para pasar de exportar aceite crudo, a exportar un biocombustible renovable. Y al mismo tiempo sustituir importaciones de gasoil, que es justamente el talón de Aquiles del modelo.

Vale la pena analizar la ecuación dinámica. Argentina es por lejos el mayor exportador mundial de aceite de soja. Lo que se percibió desde que comenzó la caída de los embarques y del consumo local, fue una mayor afluencia de aceite de soja argentino al mercado mundial. Chicago reflejó de inmediato la situación: entre enero y setiembre, el aceite de soja bajó un 25%. La semana pasada, cuando se conoció la decisión europea, bajó 5% adicional. Y ayer otro 2%. Esta caída de más del 30% es consecuencia de un sobrante de 2 millones de toneladas de aceite argentino que antes iban a biodiésel.

Esto destruye la idea de que la sustitución de exportaciones de biodiésel por las de su materia prima, el aceite de soja, mejora la situación fiscal. Los ocho puntos de brecha arancelaria se evaporaron como consecuencia de la caída de los precios. En el camino quedaron miles de puestos de trabajo, además de la interrupción de la construcción de nuevas plantas en la más dinámica industria de la década.

Sigamos. El precio de la soja se forma a través de sus dos componentes sustanciales: el aceite y la harina. La firmeza de la harina está compensando la caída del precio del aceite. Pero si se derrumba el mercado europeo, como todo lo indica, rebalsaremos de aceite (que además no hay donde guardarlo) y esto impactará en la cotización de la soja que se embarca sin procesar, que paga un 35% de derechos.

El efecto cascada se traslada al girasol, que contiene un 50% de aceite. Su precio ya ha caído en simpatía con el del aceite de soja. También en este caso hay pérdida fiscal porque el aceite de girasol paga el 32% de derechos.

Es fundamental entonces digerir estos excedentes de aceite. Lo más plausible es volcar la producción de biodiésel al mercado interno aumentando el corte al 15%. Y usar mayores proporciones para la generación eléctrica (no hay problemas técnicos), para el agro y el transporte. Hoy es más barato que el gasoil importado, que por otro lado ha sido desgravado, mientras el biodiésel sigue pagando un 41% de impuestos internos. Sustituir gasoil importado por biodiésel, entonces, no solo ahorraría divisas, sino que tampoco tendría impacto fiscal.

Por Héctor Huergo

FUENTE: DIARIO CLARIN SUPLEMENTO CLARIN RURAL

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