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El agro, con más funciones ambientales

Exigencias para duplicar la producción de alimentos y diversificar la matriz energética a través de biocombustibles, con una menor huella ecológica.   

Las sojas que agregan genes de resistencia a insectos se anotarán un poroto en sus deberes ambientales: demandarán un menor uso de agroquímicos para neutralizar a las plagas.   La lupa sobre la huella ecológica del agro volvió a posarse esta semana en Córdoba a raíz de los incendios serranos; no faltaron alusiones a los desmontes y al avance de la frontera agrícola como desencadenantes.

Convendrá mirar la botella medio llena. El agro se vale de diferentes espacios y tecnologías, y comparte con otras actividades el reparto de deberes ecológicos.

Algo es incontrastable: la actividad agrícola ha venido ocupando áreas crecientes, especialmente en regiones y climas aptos del planeta. Pero esa frontera no podrá correrse hasta el infinito. Los sistemas de producción de carnes y de biocombustibles se han ido integrando a este ordenamiento territorial, haciéndose más intensivos.

Córdoba y una gran porción de la Argentina forman parte de ese ordenamiento con alta especialización y recursos para la producción de alimentos y energías renovables y menos contaminantes. En el entorno global, esta misión enfrenta desafíos y fuertes presiones.

En las próximas cuatro décadas será necesario duplicar la producción de granos debido a que se irán agregando otros dos mil millones de consumidores sobre los siete mil millones actuales.

Se apunta a producir más, cuidando el ambiente, con una economía del agua y otros recursos, dada la menor disponibilidad de tierras. Quizá convenga dar la bienvenida a las nuevas sojas y maíces con genes de resistencia a insectos. Pronto estará disponible en el país la primera semilla de trigo con tolerancia a sequía.

La “transición dietética” de los consumidores demanda más volúmenes de proteínas animales. Y para eso serán necesarios más millones de toneladas de granos.   +

Observando el fenómeno, los expertos en ecología del agro son cautos a la hora de repartir culpas ambientales. El avance de la frontera agrícola puede jugar su rol sin provocar una ruptura planetaria o caer en demonizaciones. Todo es cuestión de equilibrio y de diferentes planos de responsabilidades.

Entre los productores hay conceptos cada vez más profesionales en materia de buenas prácticas agrícolas. El protocolo de agricultura certificada de Aapresid o el Proyecto Ambiente del movimiento Crea son un par de ejemplos que tienen soporte institucional.

Con las biomasas vegetales y los biocombustibles –menos contaminantes– se está diversificando la matriz energética. Y gracias a la biotecnología se comienza a disponer de cultivos tolerantes a la sequía, con economía del agua, menor uso de insecticidas, fertilizantes y de tierras.

En términos ambientales, el modelo agrícola también se muestra como parte de la solución.

Por Carlos Petroli

Fuente: La Voz

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