biocombustibles

La agenda que tiene el agro para el futuro

maizPrecisamente mientras abordamos y/o superamos los precios récord históricos de varios de los granos puede ser un momento apropiado para repasar algunos de los grandes temas que formarán parte del escenario que nos tocará vivir en los próximos diez años.

Hay muchas decisiones, sobre todo en inversiones, que se toman mirando el largo plazo. No hace falta ser un especialista para entender que toda la lógica del negocio agropecuario está siendo revisada a partir de la escalada del precio del petróleo y la decisión de Estados Unidos de ir reduciendo su dependencia al petróleo importado.

Esta nueva “bioeconomía” está cambiando la agricultura. Por allí empieza la cosa. El campo produce ahora energía y el impacto más fuerte lo vemos en el cambio de la demanda de los aceites vegetales y el maíz para la producción de biocombustibles y etanol.

Otros temas

Pero, además, hay muchos otros temas por ver. Por ejemplo, las cosechas resistentes a sequía y heladas. La fecha fue originalmente puesta para 2014 para el lanzamiento de los materiales de Monsanto, de manera que, aproximadamente, dentro de los próximos diez años, tendremos estos materiales entre nosotros. ¿Alguien puede imaginar cómo impactará en la producción la caída fenomenal del riesgo agronómico? Pensaba, en broma, ¡de qué vamos a hablar en el campo sino del tiempo!

De los dos grandes riesgos del agro, clima y precios, estaremos reduciendo considerablemente uno de ellos Es imposible entenderlo ni medirlo económicamente, pero ciertamente que será revolucionario. No ser tan dependientes del clima inimaginable. Más producción, menos incertidumbre.

De cualquier manera, me pregunto si, en el largo plazo la Argentina no perderá ventajas competitivas.

Hacia el etanol celulósico

En otro orden, está bastante claro el impacto del aumento de precios en los costos de los alimentos, especialmente en los países en desarrollo, donde el peso de la comida en el presupuesto de la familia tipo es mucho más elevado que en el mundo desarrollado.

Pero este camino está plagado de incertidumbre y de preguntas que aún no tienen respuestas. En primer término, existe la duda de si se querrá o podrá continuar -especialmente si vuelve una administración demócrata- con el pago de subsidios a la producción de etanol en los Estados Unidos, que este año llegará a 4 billones de dólares.

Esto generará, seguramente, creciente resistencia política en el país del Norte.

Brasil podría ser una fuente muy importante -excedentaria- de etanol basado en caña de azúcar, ya que potencialmente podría destinar a este cultivo 35 millones de hectáreas (reduciendo algo la producción de soja). Mientras tanto, se sabe que el avance de un reemplazo por el etanol de origen celulósico es lento -por ahora- aunque dentro de la próxima década habrá avances considerables.

El punto es que aún utilizando el 100% de la cosecha de maíz estadounidense para etanol, alcanzaría solamente para cubrir el 15% de la demanda anual de combustibles. El mundo precisará productos alternativos.

La economía mundial

Todos nos preguntamos, por otra parte, si el principio de crisis que hemos visto en los últimos meses y que comenzó con las hipotecas de segundo grado en los Estados Unidos, -aunque con implicancias en Europa- será una crisis acotada, o tendrá un impacto más generalizado. Por ahora, los bancos centrales en Estados Unidos y en Europa han inyectado toneladas de dinero -dos veces el PBI argentino- para calmar la situación, y parecen haberlo logrado.

No queda claro todavía de qué manera se absorberá este costo por parte de los contribuyentes y cómo queda la situación fiscal norteamericana después de este “salvataje”.

Es posible pensar en un escenario de mayor inflación en el mundo, donde se deprecien las monedas, títulos, bonos y activos financieros en general, y donde el valor de la producción de alimentos -el principal activo de la Argentina- seguramente saldrá airoso y revalorizado.

Por Arturo Vierheller (h.)
Para LA NACION

Productor y consultor de empresas agropecuarias

Fuente:La Nación

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