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Cambios en los mercados agrícolas

maizHasta no hace mucho, los mercados agrícolas respondían a las cambiantes situaciones climáticas, la evolución de sus inventarios mundiales y el desempeño de la economía universal. En ese orden, se venía advirtiendo el crecimiento de la economía de las naciones en desarrollo, una de cuyas manifestaciones ha sido la mejora de sus estándares alimentarios, basados naturalmente sobre productos agrícolas.

Un amplio y documentado estudio echa ahora luz sobre la evolución de los mercados de los principales productos agrícolas para el período 2007-2016. Son sus autores la FAO, organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, y la OCDE, institución de 30 miembros destinada a estudiar temas económicos y sociales que es liderada por las naciones desarrolladas y que viene ampliando su composición con países en desarrollo.

La lectura del estudio muestra que el aumento de los precios registrados en los mercados de granos y carnes adquiriría un carácter estructural que se proyectaría al menos hasta mediados de la próxima década.

Al escenario clásico se añade la preponderante influencia del desarrollo de los biocombustibles, con su presión sobre los precios de los productos agrícolas susceptibles de ser transformados en bienes energéticos destinados a complementar la oferta de combustibles fósiles, lo cual reduce la dependencia del incierto abastecimiento de un número limitado de proveedores y contribuye a reducir el calentamiento global.

Se cuentan entre ellos la caña de azúcar, el maíz y, en menor medida, el trigo, los pastos, los residuos forestales y otras materias primas del etanol. En otro escenario se sitúa la producción de biodiésel, basado sobre aceites vegetales derivados de la colza, la soja, el girasol y, en Oriente, del aceite de palma.

El sistema implica subsidios, sea en la forma de pagos directos y altos aranceles de importación, como en los Estados Unidos para el etanol, o bien con la obligación de introducir contenidos mínimos de biocombustibles en la matriz energética, como en Brasil y la Unión Europea.

En nuestro país, importante productor de soja y maíz, rige una ley específica, con beneficios para empresas compuestas por agricultores. Están ya en pleno desarrollo inversiones destinadas principalmente a la exportación.

La nueva y adicional demanda de bienes agrícolas tiene efectos vivificantes sobre los mercados agrícolas y también, por carácter transitivo, sobre otros, como el de las carnes en general, dependientes de la alimentación animal con materias primas provenientes de los cultivos.

No hay tierras suficientes en el mundo para restablecer el equilibrio anterior de los mercados, de modo que la población deficitaria en alimentos que la FAO estimaba en 850 millones de personas, en lugar de disminuir, podría crecer en una magnitud alarmante. «Alimentos versus combustibles», claman los enemigos de los biocombustibles; está entre ellos el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

La solución de la ecuación no consiste en esa confrontación, sólo favorable a los grandes exportadores de recursos fósiles. Una solución superadora será la aplicación de programas de eficiencia energética mundial en el sector industrial, el transporte y otros, de modo de promover sistemas alternativos de producción energética, sea nuclear, eólica o solar, e incluyendo las materias primas agrícolas con la condición de evitar perjuicios sobre los ecosistemas.

Complementariamente, se requiere abrir las fronteras a los intercambios para favorecer el flujo de alimentos y productos en general para todas las naciones y para bajar los precios y los costos. En ese caso, nuestro país, equivocado al limitar sus exportaciones de alimentos, tendría la oportunidad de mostrar su solidaridad con las multitudes deficitarias, lo cual, a su vez, contribuiría a nuestro progreso y bienestar.

Fuente: La Nación

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