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Tranqui, que hay para todos

biofuels-Argentina-biocombuBIOCOMBUSTIBLES: OTRO DESTINO PARA LA PRODUCCION AGROPECUARIA

Argentina será un actor mundial clave en biocombustibles y también en alimentos, afirman desde la FAO. 

La Argentina, con una cosecha anual de granos de más de 90 millones de toneladas, con tendencia a llegar a 100 millones antes de los próximos diez años, y con más de un millón de hectáreas de bosques implantados, tiene un gran potencial bioenergético que le permitirá convertirse en un importante productor y usuario de biocombustibles en relativamente corto tiempo. 

Y podrá hacerlo sin abandonar la producción de cereales y oleaginosas y demás cultivos para alimentar a los habitantes del país.

Además podrá exportar al resto del mundo sin resignar su actual posición de importante y confiable abastecedor internacional.

En efecto, nuestro país no sólo ya tiene diversos recursos bioenergéticos distribuidos a lo largo y ancho del territorio sino que, a través de la incorporación de tecnología, podrá mejorar sus ventajas competitivas con un fuerte incremento del rendimiento de todos sus cultivos de granos y también de pastos, caña de azúcar, bosques, uva, frutas, cítricos, verduras y hortalizas.

Además, puede aumentar sus ventajas comparativas con un mejor uso del agua y la ampliación de la frontera agropecuaria en varios millones de hectáreas más, según la opinión de los expertos.

Es que hay una extraordinaria capacidad productiva industrial instalada del sector privado como la fabricación de maquinaria agrícola, plantas de aceites vegetales y de alimentos de todo tipo. A esto hay que agregarle la buena red de infraestructura vial, ferroviaria, fluvial y aérea que permite el acceso a los mercados internos y de exportación. Por último, hay que señalar que cuenta con suficientes recursos humanos y tecnológicos para poner en marcha la utilización de dicho potencial.

Todo esto me lleva a una conclusión: La Argentina no debe caer en la trampa de discutir si la producción agropecuaria debe destinarse a los alimentos o la energía. Se trata de una falsa opción. El objetivo debe ser alimentos y energía. Y para ello se deberá maximizar la cadena de valor para obtener proteínas y calorías con los cultivos y procesos industriales más adecuados.

Merecen especial atención los esfuerzos que está realizando el país para promover la producción de biodiésel y bioetanol.

También existen iniciativas para la promoción de energía térmica o eléctrica a partir de recursos y residuos de biomasa derivados de la agroindustria e industria maderera. El país cuenta con un marco legislativo establecido por la Ley 26.093 para la “Promoción a la Producción y Uso de Biocombustibles” y el “Fondo Fiduciario de Energías Renovables”, en virtud de las cuales las secretarías de Energía y de Agricultura, junto con el INTA y el INTI, están iniciando un ambicioso programa para la promoción de la producción y utilización de biocombustibles que, si desarrollan los mecanismos adecuados, obtendrán precios competitivos.

Existen varias motivaciones para llevar adelante políticas de Estado para el desarrollo de los biocombustibles. Se trata de “energía limpia”, es decir, que no contamina la atmósfera como los derivados del petróleo; permite una diversificación energética ante la escasez progresiva del petróleo y su aumento de precio; la materia prima y los biocombustibles son localmente disponibles y constituyen una fuente de mano de obra intensiva que promueven el desarrollo económico.

No es un dato menor que hay demanda de los biocombustibles tanto interna como externa, principalmente por parte de los grandes consumidores de energía como Estados Unidos y los países de la Unión Europea.

Los trabajos realizados por FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) muestran que ciertos aspectos técnicos, económicos, ambientales y sociales aún no han sido detalladamente examinados en el país. Aún falta explorar la viabilidad de las diferentes opciones bioenergéticas a ser promocionadas, las tecnologías a utilizar y las repercusiones que la producción de biocombustibles podría tener sobre los sectores energético, agrícola, ambiental, económico, de desarrollo rural, tecnológico y científico.

Un aspecto de gran importancia para mostrar la viabilidad técnica de las opciones bioenergéticas es la cuantificación y localización de los recursos biomásicos disponibles para la producción y el uso de la bioenergía.

El conocimiento detallado de la disponibilidad de los diversos recursos bioenergéticos es vital para el desarrollo sustentable y equilibrado de los diferentes usuarios potenciales de las materias primas bioenergéticas, a saber: los productores de alimentos, carnes, forrajes o biocombustibles o cualquier combinación de estos rubros.

El otro aspecto crucial que aún necesita estudio y debate adicional es la determinación de la factibilidad económica-financiera de las diferentes opciones bioenergéticas. Por esto, la FAO dará asistencia a la Argentina en el marco de pedidos que han hecho diversos organismos del Estado.

La FAO está en plena capacidad de apoyar al país con el desarrollo de instrumentos e informaciones básicas confiables para la realización de una estrategia efectiva y realista para el aprovechamiento sostenible de los recursos bioenergéticos disponibles en el país.

Bajo el lema de promover “sistemas bioenergéticos sostenibles”, la FAO ha desarrollado una “Plataforma Internacional sobre bioenergía” (PIBE) y ha puesto a disposición de sus países miembros la metodología denominada WISDOM (Woodfuel Integrated Suply-Demand Overview Mapping), basada en la plataforma GIS.

La metodología WISDOM ha demostrado ser una herramienta muy útil para analizar las existencias, productividades y disponibilidades actuales de los recursos forestales, agrícolas o pecuarios, las superficies cultivadas, las actividades agroindustriales y sus residuos (residuos de la industria forestal, de la caña de azúcar, etc.) que puedan ser utilizados para la producción de biodiésel, bioetanol, bioelectricidad y otros.

 José Benites-Especial para Clarín

* El autor de esta nota es representante de la FAO en la Argentina

Fuente: Diario Clarín

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